Dificultades a las que nos enfrentamos las familias alérgicas

Desde mi perspectiva como madre de un niño alérgico alimentario, diría que los tres problemas principales con los que debemos lidiar casi a diario son:

  • La falta de información
  • El encarecimiento de la lista de la compra así como la dificultad de encontrar alimentos aptos en los supermercados habituales que todos frecuentamos
  • La escasa conciencia social que existe con respecto a este tema

Falta de información

De la falta de información podemos ocuparnos los padres, buscando vías alternativas para saber más acerca de esta alergia y no quedarnos sólo con las cuatro cosas básicas que nos dicen en la consulta del pediatra. Cuanto más sepamos acerca de lo que le ocurre a nuestro hijo, más posibilidades tendremos de informar con rigor a quienes nos rodean.

Mi consejo es que no informemos desde el miedo (aunque, como padres, nos cueste ocultar este sentir al hablar de la alergia de nuestros hijos, máxime si ésta es muy grave) sino desde la rigurosidad. Si alarmamos a nuestro interlocutor corremos un doble riesgo:

  • Por un lado, no ser tenidos muy en cuenta por considerarnos “histéricos” o “hipocondriacos” (¡cuantas veces habremos escuchado esto, por desgracia!)
  • Por otro lado, que la persona con quien hablemos coja tanto miedo a quedarse al cuidado de nuestro hijo alérgico que sea excluido de ciertas situaciones (por ejemplo, no sea invitado a casa de algún amiguito o a cumpleaños).

La lista de la compra

Con respecto a los alimentos hay todavía mucho por hacer. Es cierto que cada vez aparecen más tiendas especializadas en alergias e intolerancias alimentarias pero los productos que venden siguen siendo muy caros y una familia media no puede permitirse el lujo de gastar semanalmente una gran cantidad de dinero en alimentos que un niño suele consumir habitualmente.

Por suerte va surgiendo una conciencia a nivel empresarial que empieza a tener en cuenta a los alérgicos, incorporando a sus líneas de fabricación algún producto libre de alérgenos que podemos encontrar en los supermercados habituales. Sin embargo estos productos todavía son insuficientes (por ejemplo, en un pasillo de un supermercado plagado de marcas de galletas tan sólo encontramos una o dos aptas para alérgicos) y en algunos casos la presencia de trazas hace que acabemos rechazando el producto por falta de confianza en él.

Escasa conciencia social

Pero creo que el principal problema con el que me he encontrado es la escasa conciencia social. La gente tiene muy poco conocimiento acerca de las alergias alimentarias y algunas como la APLV son las grandes marginadas ya que no solo se les resta importancia sino que se confunden con otras patologías.

Son muchas las ocasiones en las que empresarios o personas particulares se niegan a aprender sobre alergias alimentarias y a ofrecer alternativas, considerando que se trata de un problema menor que afecta a un porcentaje de la población poco significativo.

De este modo nos encontramos con muchas dificultades ya no solo a la hora de hacer la compra, como he comentado más arriba, sino en otras situaciones como:

  • Salir a comer fuera de casa
  • Pasar el día en un parque temático y poder comer en los restaurantes de estos recintos
  • Asistir a fiestas de cumpleaños donde podamos encontrar merienda y una porción de tarta o bizcocho para nuestros niños
  • Recoger caramelos en las cabalgatas de Reyes que sean aptos para todo tipo de alergias
  • Poder comprar un dulce en un puesto ambulante en una feria…

¡Podría seguir y no parar porque, por desgracia, son tantas las situaciones a las que los niños alérgicos deben enfrentarse con absoluta exclusión, que me haría falta un pos entero para ello!

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