El comedor escolar. Mi experiencia

Antes de que acabara el curso volví a apuntar a mi hijo al comedor escolar. Quería hacer una segunda prueba de cara a comprobar si la primera vez fue una simple coincidencia pero esta vez la reacción fue más fuerte aún si cabe y apenas tres días después comenzó con los mismos síntomas: diarrea intensa, retortijones, cólicos, sudores fríos y mucho dolor. En varias ocasiones tuvo escapes en el colegio –con lo que eso puede marcar a un niño de esa edad-, su carácter se apagó y su aspecto físico de nuevo desmejoró bastante. Con apenas dos semanas de comedor escolar mi hijo había perdido peso, sus heces estaban envueltas en moco y había días en los que sólo echaba sangre.

Aunque sabía que la hemorragia se debía al cuadro gastrointestinal que estaba sufriendo, me alarmé mucho cuando lo vi y de nuevo su pediatra le mandó la misma batería de pruebas que le hiciera tan sólo meses antes cuando le llevé por el mismo problema. Debía descartar otras patologías antes de poder afirmar, con total seguridad lo que yo ya sabía sin necesidad de ningún resultado médico: que el comedor escolar no estaba haciendo las cosas bien.

  • Análisis de sangre,
  • pruebas para detectar salmonelosis,
  • análisis de orina
  • análisis de heces en busca de parásitos,
  • prueba de intolerancia al gluten,
  • test del aliento para descartar helicobacter  y
  • búsqueda en sangre de otros alérgenos.

Todas las pruebas salieron negativas lo que confirmó, claramente, que el episodio vivido se debía a la enterocolitis alérgica que padece que esta vez se había visto agravada por los daños anteriores que había sufrido su mucosa intestinal.

Conversaciones con el colegio

Con los resultados médicos sobre la mesa, solicité una segunda reunión con el colegio en donde también estuvo el equipo de nutrición encargado de la elaboración de los menús. He de decir que pusieron todo de su parte, tratando de encontrar dónde podían estar fallando y a pesar de que les costó un poco entender que mi hijo no padecía intolerancia sino alergia (parece que el término intolerancia está desprestigiado y se resta importancia a los síntomas que genera), por lo demás parecían tener todo bastante controlado:

  • Me proporcionaron la lista de proveedores con la que trabajaban para que pudiera cotejarlo por mí misma,
  • Aseguraron que el personal de cocina estaba formado y era conocedor del tema “alergias”,
  • Confirmaron que se utilizaban utensilios y aceites diferentes para preparar las comidas de los alérgicos,
  • Me dijeron que una enfermera vigilaba los menús de los alérgicos que además comían en los extremos de las mesas para tener el menor contacto posible con otros compañeros…

Como ya sabéis quienes me leéis, mi peque es hipersensible a las trazas de leche y obviamente, por muy bien que el comedor creyera estar haciendo las cosas, estaba habiendo un fallo claro (y gordo) que se no lograban detectar.

Ante esta situación, ¿qué hacer? Lamentablemente yo me he dado por vencida. Es la salud de mi niño la que está en juego y no quiero volver a arriesgarme. Considero que he hecho todo lo que estaba en mi mano (ofreciendo incluso mi ayuda y mi experiencia para detectar posibles fallos de protocolo).

Fallos de actuación

Sigo pensando que hay una falta de información grande en los comedores escolares. Las alergias alimentarias han empezado a debutar con fuerza hace relativamente poco tiempo y todavía no se tienen claros ciertos conceptos. Para más inri, la alergia a la leche genera muchísima confusión social y el tema “trazas” sigue siendo el principal talón de Aquiles de comedores y restaurantes. ¡Si ya es difícil evitar la contaminación cruzada dentro del propio hogar, ¿cómo no va a serlo cuando se cocina y manipulan alimentos de cientos de personas?!. Si a todo eso le sumamos la poca (o nula) formación que recibe el personal de cocina y el dudoso etiquetado de muchos productos el cóctel puede ser explosivo.

Así que a los que estáis viviendo lo mismo que yo y me preguntáis por posibles soluciones, sinceramente, no sé que deciros porque yo misma me he rendido ante una realidad que creo que es imposible de cambiar.

3 Responses so far.

  1. Encarna dice:

    Yo eztoy viviendo la misma situación y me crea una ansiedad que no puedo. Además del miedo a que por un shock anafiláctico a mi niño pueda ocurrirle lo peor. No saben nada del tema y se arriesgan. Besos.

  2. Naiara dice:

    Y no hablaste con ellos la posibilidad de que lleve su propia comida? No puede llevar tuppers y que allí se lo calienten y se lo den a comer, incluso en el propio tapper para más seguridad?
    Yo a la guarde de mi hija lleva su comida… es una suerte porque no me fio nada de los caterings. Ponen su mejor intención, pero si en casa es dificil controlar las trazas, en un comedor “industrial” creo que es muy muy complicado si no eres un experto en el tema y, por desgracia, los cocineros que trabajan en este tipo de comedores, no suelen tener una formación al respecto demasiado exhaustiva.

  3. Gabriela dice:

    Muy bueno el blog. Suerte en tu proyecto y gracias por compartir tu experiencia personal. Realmente no se toma conciencia de la importancia de este tema y tienden a confundir muchísimo el tema de intolerancia a la lactosa con alergia a la proteína de leche de vaca …entiendo que no tienen porque saberlo pero por lo menos no deberían tratarnos de exageradas y alarmistas antes de informarse.

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