La problemática social de los niños alérgicos alimentarios

Me gustaría compartir con vosotros un post que escribí para el blog SER MADRES de la compañía de salud NÉCTAR.

Mi nombre es Silvia y desde hace tres años utilizo el término “mamá” para definirme a mí misma. Soy madre de un peque que me tiene enamorada por su sonrisa, su dulzura, su sentido del humor y su ternura. Sé que lo que voy a decir es una absoluta obviedad pero la llegada de un hijo lo cambia todo. Cambia tu forma de ver la vida, tu orden de prioridades, la administración de tu tiempo… ¡Incluso tus gustos!.

En nuestro caso, además, ha cambiado nuestra alimentación ajustando nuestros menús diarios a la alergia que padece. Mi pequeño es alérgico a la proteína de leche de vaca; problema que le detectaron en su tercera semana de vida tras un calvario de pruebas, falsos diagnósticos, noches en vela y repetidas visitas a urgencias.

Poco a poco me gustaría ir compartiendo con vosotros, desde este maravilloso espacio, nuestro día a día, nuestra experiencia y nuestras angustias porque, aunque su alergia está controlada, también hay episodios esporádicos de angustia y miedo como por ejemplo el momento de enfrentarnos a las pruebas médicas, cuando enferma por algo que ha ingerido, cuando le dejo en el cumpleaños de algún amiguito temiendo que coma algo indebido… La vida de un niño alérgico alimentario, y de sus familias, es una continua alerta porque cualquier fallo, cualquier desliz en la alimentación puede poner en riesgo su salud.

Pero por lo demás, los niños alérgicos son igual que el resto de niños que los rodean, con las mismas ganas de comer dulces, galletas, helados… con las mimas ganas de asistir a las fiestas de cumpleaños de sus amigos, de soplar las velas de su propia tarta, de celebrar la noche de Halloween, de recoger a dos manos los caramelos lanzados desde las carrozas de SS.MM los Reyes Magos… en definitiva, de hacer todas las cosas que cualquier niño de su edad desearía hacer.

Por eso está en las manos de todos conocer la problemática de las alergias alimentarias, porque sólo a través del conocimiento podremos hacer la vida de estos pequeños mucho más fácil. Muchas personas repiten una y otra vez el generoso gesto de ofrecer caramelos o dulces a niños desconocidos: una mamá en el parque, la cajera de la tienda, la vecina de al lado… sin saber que este “inocente” gesto esconde un gran peligro para los alérgicos, poniendo en riesgo su salud y arrancando sus lágrimas al prohibirles comer lo que les han dado. También es frecuente invitar a fiestas de cumpleaños a niños alérgicos sin haber preparado alimentos aptos para ellos de manera que los pequeños se sienten marginados, apartados del resto de niños y sin poder comer las apetecibles chucherías que toman los demás.

Son pequeños gestos que sólo interiorizaremos conforme vayamos conociendo un poco más acerca de las alergias alimentarias y los riesgos que conllevan porque, desgraciadamente, es un problema de salud cada vez más frecuente en nuestra sociedad, especialmente entre los niños.

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