Las lecciones de los niños

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Los adultos siempre escuchamos lo mucho que los niños pueden enseñarnos con sus actos, con su naturalidad y su forma de afrontar las cosas. A veces somos nosotros los que damos a todo demasiada importancia, los que nos agobiamos cuando los acontecimientos no transcurren según lo esperado y los que sufrimos por nuestros pequeños cuando en realidad ellos no están viviendo la situación con el mismo dramatismo que nosotros.

Esto también ocurre con las alergias alimenticias. Reconozco que la primera vez que me dijeron que mi hijo padecía alergia a la proteína de la leche se me vino el mundo encima. Instintivamente en lo primero que pensé fue en la cantidad de alimentos que su paladar iba a perderse y automáticamente añadí el calificativo de “pobrecito mi niño” cuando le visualizaba sin poder tomar caramelos, helados, dulces, bollería o cualquier otro alimento goloso y atractivo para un niño.

Con el paso de los meses me he dado cuenta de que mi hijo está interiorizando su alergia de una forma natural y sin ningún tipo de trauma. Cuando coge algún alimento prohibido siempre le trato de explicar que no puede tomarlo porque si lo hiciera se pondría muy malito de la tripa y tendría mucha pupa y él mismo termina dándomelo, no sólo sin protestar sino además con premura, como queriéndose quitar ese “veneno” de las manos lo antes posible.

Es muy pequeñito todavía y lógicamente a veces la sola visión de un alimento muy apetitoso le nubla el juicio y no atiende a razones, por lo que considero que es muy importante que tanto los padres como los amigos y familiares que rodean al niño alérgico traten el problema cuanto antes y con la mayor naturalidad posible porque, por muy pequeños que sean, los niños lo entienden todo.

Poco a poco también voy haciendo partícipes a los amiguitos de mi nene de su problema. Mi sueño sería que en un futuro cercano le cuidaran y no compartieran con él ningún alimento.

Conozco el caso de un niño de 5 años con múltiples alergias alimenticias. Cuando sus amiguitos están con él no sólo no le ofrecen ningún alimento sino que ni siquiera ellos mismos comen nada para no hacerle sentir diferente. Este gesto altruista de los peques lo han conseguido sus padres, tomándose en serio el problema del amigo alérgico e informando a sus hijos sobre la gravedad de la situación. El resto: naturalidad, normalidad, sencillez y sinceridad lo aportan los pequeños, ¿no son geniales?

 

6 Responses so far.

  1. Sin duda la actitud de los niños necesita la enseñanza y el apoyo de los padres.
    Felices fiestas.

  2. Silvia dice:

    Lo fundamental es una buena base en educación y valores. ¡Ojalá todos los padres fueran así con sus hijos!

  3. kari dice:

    mi hijo mayor convive con la alergia de su hermano menor desde que tiene 4 anios, desde que empezo la escuela primaria tiene companueros con alergias, este anio tiene uno con una alergia severa que se sienta en la cafeteria en la mesa especial para alergicos, mi hijo me pide que ponga en su lunchera comida apta para el companiero para que este nene no se siente solo………las fiestas en el aula se hacen pensando en tener algo similar para este nene tambien, asi que estoy muy contenta con el grupo de mamas y papas que nos toco este anio. saludos

  4. Silvia dice:

    @ Kari: Me alegro mucho de que estés teniendo una buena experiencia con los papás de los niños que comparten clase con tu peque. Eso es realmente positivo

  5. Carola dice:

    Desde hoy mi MENUSINLECHE se ha convertido en MENUSINLECHENIHUEVO. Ufffff.
    Pero bueno, es verdad que los niños, al menos el mio, se toman estas cosas mucho mejor de lo que lo hacemos los padres. Asier sencillamente me pregunta:” Ama, esto tiene vaca???”. Si le digo que sí, no pide más explicación, me lo da rápido. Si es una chuche tenemos un trato: si él me trae una chuche con vaca, se la cambio inmediatamente por DOS sin vaca. TODOS FELICES!

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