Segunda visita a Urgencias: Intolerancia a las proteínas de leche de vaca

Tras la primera visita a urgencias de la que salimos sin ningún diagnóstico, el peque pasó la noche fatal, vomitando a cada instante y muy molesto de la tirita. Al amanecer acudí de nuevo a la consulta de su pediatra para comentarle el episodio vivido y esta vez, en cuanto lo vio, nos derivó de inmediato a las urgencias del hospital más cercano con un informe detallado de su historial médico.

Todavía no lo sabíamos pero ese día iba a ser muy largo para nosotros, plagado de lágrimas, pruebas médicas, incertidumbre y, por fin, un diagnóstico definitivo.

Me hicieron pasar junto a mi bebé a un box y allí, varios pediatras examinaron a mi hijo cada poro de su piel. Hablaban entre ellos, casi susurrando y me explicaron que le harían análisis de sangre y de orina para poder encaminar sus pasos hacia un diagnóstico certero.

Mientras esperábamos resultados, mi bebé, mi marido y yo esperamos en la sala y tras la toma de pecho mi hijo comenzó de nuevo a vomitar. Angustiada llamé a los médicos que vinieron a atendernos rápidamente y pese a que cada vez que mi hijo vomitaba de la forma tan cruel como hacía mi pulso se disparaba, en aquel momento y por primera vez supe que todo iría bien. No tuve más que mirar fijamente a los médicos que nos atendían para darme cuenta de que, por fin, sabían lo que le pasaba a mi bebé.

“Creemos que lo que le ocurre a tu hijo es que tiene alergia a las proteínas de leche de vaca” – y acto seguido me trajeron un biberón de leche hidrolizada para que se lo diera.

Hidrolizada“. Era la primera vez en mi vida que escuchaba aquella palabra. Me explicaron que la hidrólisis era un proceso mediante el cual las proteínas presentes en la leche quedaban tan fragmentadas que pasaban a ser mejor toleradas por determinados  niños. De aceptar bien aquel biberón se demostraría que mi hijo padecía una intolerancia a estas proteínas.

Así que le di el nuevo biberón y, ¡sorpresa!: mi niño no vomitó ni una gota. ¡No podía creerme que después de tres semanas vomitando tras cada toma, con aquel biberón especial no derramara ni una sola gota! Mi alegría creció cuando me dijeron que los resultados de la analítica eran normales. Mi hijo estaba sano y lo “único” que parecía tener era alergia.

No me explicaron mucho más en urgencias; me dijeron que le diera esa leche especial y que acudiera de nuevo al pediatra al día siguiente para recibir más indicaciones.

A las 21.00 de la noche abandonamos el hospital. Mi niño tenía ya mejor color y yo estaba muchísimo más tranquila. Ahora sólo quedaba que empezara a engordar poquito a poquito y recuperara el peso perdido.

6 Responses so far.

  1. Cristina dice:

    Hola,enhorabuena por tu blog y por compartir tu experiencia,estoy segura que ayudaras a mucha gente,un abrazo¡

  2. Silvia dice:

    Gracias por pasarte por mi blog Cristina!
    Me alegro que te guste. Espero, como tú dices, poder orientar a padres que se encuentren en la situación en la que yo me encontraba hace 2 años.

    Creo que nuestros blogs, cada uno en lo suyo, pueden ayudar muchísimo.Un placer tener por aqui!

  3. Gabriela dice:

    Silvia!!

    Que valiente!!! Yo esperé a entrar en esa fase de angustia luego de dos meses terribles. Tu a las 3 semanas hiciste que te escucharan! ME alegro mucho por tu bebé!

    Curiosamente cuando a mi niña le pinchaban yo tampoco quise entrar, moría de miedo… Me auto traquilizaba pensando en que era algo por lo que teníasmos que pasar para descubrir que tenía mi niña…

  4. Silvia dice:

    Sí! Lo pasamos muy mal durante las tres primeras semanas de vida. Tanto es así que las recuerdo como el peor momento de mi vida…

    Tuvimos muchísima suerte de que su pediatra habitual estuviera de vacaciones cuando tuvo el episodio fuerte de vómitos, y que nos viera una sustituta que entendía bastante del tema. De no haber sido así creo que habrían tardado más tiempo en diagnosticar a mi hijo su problema

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