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En estas semanas de vacaciones he recibido varios e-mails de padres con niños diagnosticados de intolerancia a la lactosa que me agradecían el haber creado un blog para ellos. Y es que a pesar de tratar el tema en varios post y de haber dejado patente una y otra vez que la intolerancia a la lactosa nada tiene que ver con la alergia a las proteínas de leche de vaca, la confusión general sigue siendo tremenda. A veces incluso los propios profesionales nos confunden con su diagnóstico y otras veces son tantas las dudas que el hecho de encontrar en la web un sitio “libre de leche” ya nos hace pensar en una tabla de salvación.

Siempre he querido crecer en contenidos. Me parece enriquecedor poder ayudar a otras familias y poder compartir conocimientos entre todos por lo que a lo largo de los dos años de vida del blog he tratado otro tipo de alergias e intolerancias alimentarias que nada tienen que ver con la APLV. Sin embargo la intolerancia a la lactosa la he tratado siempre de refilón por lo que me gustaría dedicar una serie de post a esta enfermedad que tan parecida es a nivel popular a la APLV y, sin embargo, es tan diferente.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa? 

La intolerancia a la lactosa ocurre ante la incapacidad del intestino de digerir la lactosa, un azúcar presente en la leche.

La intolerancia a la lactosa afecta al 40% de la población española aunque la cifra podría ser mayor ya que mucha gente no ha sido diagnosticada confundiéndose sus síntomas con otras patologías. A nivel mundial la mayor parte de la población pierde la producción de lactosa más temprano que tarde. Esto ocurre sobre todo en la raza negra, asiáticas y norteamericana. Sin embargo, los europeos del norte pueden continuar produciendo lactasa durante toda su vida.

¿En qué se diferencia de la APLV?

Como hemos visto en multitud de ocasiones, se tiende a confundir la intolerancia a la lactosa con la alergia a la leche y son dos conceptos totalmente diferentes. La alergia se produce cuando el cuerpo percibe como nociva o peligrosa una sustancia que en realidad no lo es, y como tal actúa luchando contra ella mediante un complejo mecanismo de defensa. En la intolerancia a la lactosa lo que ocurre es que hay un déficit enzimático en el intestino delgado. Las personas que la padecen tienen deficitaria, o incluso inexistente la enzima lactasa, encargada de descomponer el azúcar de la leche en dos azúcares más simples y sencillos de digerir, de ahí que se produzcan efectos a nivel gastrointestinal.

¿Los bebés pueden ser intolerantes a la lactosa o sólo es una condición propia de la etapa adulta?

Existe un tipo de intolerancia a la lactosa que generalmente suele ser heredada. En este tipo de intolerancia, y debido a su carga genética, el bebé ya nace sin la enzima lactasa por lo que su intolerancia será irreversible. Pero esto ocurre en un porcentaje mínimo de casos.

En la mayor parte de los casos de intolerancia a la lactosa en bebés suele ser algo temporal causada por dos motivos:

  • Daños en el intestino producidos por gastroenteritis víricas o bacterianas, parásitos o toma de antibióticos en los primeros meses de vida que pueden alterar la flora intestinal de forma temporal.

En este caso, las vellosidades del intestino se ven dañadas de forma temporal y esto hace más difícil la digestión de la lactosa provocando lo que se conoce como “intolerancia transitoria” que suele revertir cuando los daños han cesado.

Existe también un caso especial a tener en cuenta y es el del colectivo celiaco. Gran porcentaje de los celiacos pueden desarrollar también intolerancia  a la lactosa.

  • Inmadurez intestinal debido a la prematuridad de algunos bebés. Cuando su sistema digestivo madura esta intolerancia suele pasarse.

Sin embargo, debemos pararnos a pensar en el proceso natural de crecimiento y alimentación de las crías mamíferas (entre las que se incluye el ser humano). En todas las especies animales, cuando las crías son destetadas y comienzan a tomar otros alimentos, la enzima lactasa que sólo sirve para descomponer la lactosa deja de tener utilidad por lo que el organismo la acaba eliminando.

Lo mismo ocurre con los bebés. Cuando éstos dejan de ser amamantados el intestino debería dejar de producir lactasa, de ahí que la mayor parte de las intolerancias a la lactosa en niños comiencen a darse a partir de los 2-3 años de edad. Sin embargo, ya sabemos que el ser humano es el único mamífero del planeta que continúa alimentándose de leche (que además no es de su especie) toda su vida, por lo que esta costumbre de continuar bebiendo leche más allá de una determinada edad es la que hace que, en ocasiones, el intestino continúe produciendo lactosa. Pero, en mayor o menor medida y debido a un mecanismo evolutivo, gran parte de los adultos acaba perdiendo esta capacidad de digerir la leche, de ahí que muchos intolerantes a la lactosa sean diagnosticados en su etapa adulta siendo, por tanto, algo absolutamente normal (en contra de lo que muchos creen).

¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la lactosa?

Salvo que el pediatra indique lo contrario, las pruebas rutinarias para diagnosticar con fiabilidad una intolerancia a la lactosa:

  • Análisis del PH de las heces
  • Prueba de sangre para intolerancia a la lactosa
  • Prueba de aliento para lactosa-hidrógeno: La prueba se realiza en el hospital y consiste en suministrar al paciente una solución de lactosa y soplar en una bolsa especial cada media hora. Estas muestras de respiración son analizadas para medir la cantidad de hidrógeno, uno de los gases producidos en el intestino grueso que aumentan considerablemente en la intolerancia a la lactosa.
  • Endoscopia con biopsia del intestino delgado

Una vez diagnosticada la intolerancia a la lactosa, sea ésta temporal o no, la única solución posible para el paciente pasa por evitar consumir este azúcar pudiendo optar por leches o productos lácteos elaborados sin lactosa; es decir, al contrario de la APLV en donde se prohíbe el consumo de TODO TIPO DE LECHES, los intolerantes a la lactosa SÍ pueden consumir productos lácteos siempre y cuando éstos sean deslactosados.

En próximos post trataré qué hacer cuando se amamanta a un bebé con intolerancia a la lactosa y qué síntomas produce esta enfermedad.