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Leía el otro día un artículo sobre la poca ayuda que prestan la mayor parte de los hospitales españoles en el tema de la lactancia materna. Muchos de los profesionales médicos se limitan a aclarar alguna duda que la madre pueda tener a este respecto pero sin fomentar de forma pro-activa la lactancia, ofreciendo un biberón artificial al minuto de solicitarlo.
Esto mismo es lo que me ocurrió a mí y desde mi pequeño rincón me gustaría denunciarlo y animar a las madres que crean firmemente en que la lactancia materna es el mejor alimento para su recién nacido a que no caigan en los mismos errores que yo caí.

Tras mi cesárea y el nulo apoyo recibido en el hospital donde tuve a mi hijo, mi bebé fue alimentado con biberón desde el primer momento de su llegada al mundo. Cuando las enfermeras escuchaban llorar a mi hijo me decían que lloraba por hambre y que los niños nacidos por cesárea lo pasaban muy mal porque la leche de las madres tardaba más en subir que en un parto vaginal y por eso había que “ayudarles” con biberones artificiales. Debido a este hecho no estimulé como debiera haberlo hecho la subida de la leche y esta tardó cerca de una semana en aparecer.
Para entonces mi hijo había sido expuesto con demasiada premura a la leche artificial, motivo principal de su alergia.
Las dos semanas de lactancia materna en exclusiva que tuvimos fueron bastante desastrosas porque si bien el peque se agarraba con fuerza al pecho y no me dio problemas de grietas, mastitis o irritaciones, su alergia ya había hecho acto de presencia manifestándose con fuertes cólicos durante todo el día, llantos sin consuelo y vómitos en propulsión al finalizar las tomas. Durante ese tiempo estuve yendo a un taller de lactancia pensando que el problema del malestar físico de mi hijo era mi leche. 
En el taller de lactancia, la matrona comprobó que el agarre de mi bebé al pecho era correcto, que el niño se alimentaba bien y que no tragaba aire así que en cierto modo, ella fue la primera que me hizo sospechar que algo no marchaba bien.
Durante esas dos semanas de lactancia en exclusiva se sucedieron un sinfín de visitas a la enfermera para control de peso y varias visitas a urgencias por fuertes vómitos donde, finalmente, le fue diagnosticada su alergia a la proteína de leche de vaca. Salí del hospital con un diagnóstico que no supe cómo afrontar y una receta de leche de fórmula hidrolizada para comprarle en la farmacia. Ninguna otra indicación más para poder seguir con lactancia materna. Fue realmente desolador.

Al día siguiente llevamos a su pediatra el diagnóstico de alergia y ella fue quien me aconsejó dejar de tomar lácteos para seguir dándole el pecho. Sin embargo, como mi hijo había perdido tantísimo peso lo que realmente interesaba en ese momento era hacerle despuntar y como parecía que la nueva leche hidrolizada le estaba sentando bien decidimos comenzar una lactancia mixta.
La lactancia mixta fue dura y poco duradera debido a la escasa información que recibí y la nefasta ayuda que me fue dada. Pero eso lo relataré en próximos post.