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A lo largo de todos estos años como madre de un niño APLV, han sido muchos los comentarios poco afortunados que hemos tenido que escuchar relativos a la alergia de mi hijo. Es cierto que en la mayoría de los casos son comentarios que se dicen sin ninguna intención de hacer daño, pero lamentablemente, en ocasiones lo hacen.

Muchos de estos comentarios pueden hacerse extensibles a cualquier otro tipo de alergia o intolerancia alimentaria, pero en concreto os cuento los que me han hecho a mí como madre de APLV. ¿Os sentís identificados? ¿Añadirías alguno más?

HOY EN DÍA HAY MUCHA GENTE INTOLERANTE A LA LACTOSA

Este es el típico comentario que casi siempre alguien te suelta cuando le dices que tu hijo es APLV.

Confieso que tengo la boca seca de aclarar las diferencias entre una alergia a las proteínas de leche y una intolerancia a la lactosa; confieso que en muchas ocasiones me da hasta pereza hablar e incluso confieso que unas veces me indigna la confusión, pero otras, en cambio, me da absolutamente igual lo que cada cual piense.

Y es que son tantas, pero tantas veces las que he escuchado este símil, que inconscientemente hasta espero que alguien me lo suelte cuando estamos hablando de APLV (y últimamente también me he encontrado con quien confunde la APLV con la celiaquía). Pero aun a riesgo de parecer un “disco rayado” siempre que puedo trato de aclarar conceptos porque está en manos de todos los afectados derribar esta falsa creencia de equiparar la intolerancia a la lactosa a la APLV.

¿¿NO ME DIGAS?? ¡POBRECITO! ¡YO NO PODRÍA VIVIR SIN LECHE! (o póngase aquí el alimento al que se es alérgico)

Probablemente esta frase sea dicha con la mejor de las intenciones en un intento de compadecerte de una persona con una condición de salud diferente a la tuya.

Es normal y lógico, que en algún momento de la conversación puedan aparecer expresiones dichas por la otra persona como “¡qué faena!”, “¡qué rollo!”, “¡qué fastidio”… No pasa nada. Esto es así. Los padres de niños alérgicos sabemos lo latoso que es tener que poner los cinco sentidos cuando cocinamos para un alérgico, tener que leer con lupa las etiquetas de todos los alimentos o tener que salir a la calle con la adrenalina siempre preparada.

Pero, por suerte, nuestros hijos están sanos. Son niños que corren, juegan, ríen, van al cole y se divierten con sus amigos igual que cualquier otro niño. No son “pobrecitos” ni merecen compasión o ser tratados de forma diferente. Sólo son niños con una condición especial que les obliga a evitar determinados alimentos, pero fuera de eso, son niños sanos y felices.

En cuanto a la frase: “yo no podría vivir sin leche” siempre contesto lo mismo: “Lo harías, si tu vida y tu salud estuvieran en juego, por muy amante de la leche que fueras”. Esta expresión suele ser dicha sin ningún tipo de malicia ni doble intención, pero además de esconder un gran desconocimiento, también hay que vigilar mucho delante de quien se dice. Porque si el alérgico es un niño y esta frase se dice entre adultos (sin el niño presente), no pasa absolutamente nada. Pero si esto lo soltamos con el alérgico presente, sin ningún tipo de tacto ni pudor, puede que le causemos una gran confusión. Un niño APLV que escucha “lo maravilloso que es el queso” o “lo bien que sabe la leche” podría sentirse frustrado o enfadado por no poder tomarlo.

Y aunque evidentemente no podemos encerrar a nuestros hijos en una burbuja y durante toda su vida alérgica verán cómo otros comen cosas que ellos no pueden o escucharán hablar maravillas de los alimentos que tienen prohibidos, ¿por qué no evitarles pasar un mal rato midiendo nuestras palabras como adultos que somos?.

BUENO, NO PASA NADA. ¡HAY COSAS PEORES!

En el extremo opuesto al punto anterior está el de las personas que restan importancia a lo que les estás contando.

Obviamente, y por desgracia para quienes lo padecen, hay cosas peores que una alergia alimentaria. Pero cuando un padre te está hablando angustiado sobre la alergia de su hijo, lo que menos desea escuchar en ese momento es una expresión como esa, que te deja aturdido, fuera de juego y te obliga a cortar, radicalmente, la conversación.

Por tanto, no se trata de compadecer hasta las lágrimas pero tampoco de restar importancia a algo que para unos padres (y para el niño que lo padece) sí la tiene. Seamos empáticos, escuchemos y tratemos de entender lo que la otra persona nos está diciendo y, en la medida que podamos, ofrezcamos nuestra ayuda.

¿Y DE DÓNDE SACA EL CALCIO SI NO TOMA LECHE?

Por suerte, los padres de niños con APLV solemos estar bastante informados sobre este punto y sabemos que existen otras muchas fuentes de calcio aparte de la leche de vaca. Pero si esta pregunta se plantea a una familia recién diagnosticada o a unos padres con dudas o desconocimiento al respecto, el caos está servido.

“¿Y si no se cura de la alergia, ¿tendrás que darle suplementos de calcio, no? ¡A ver si va a tener problemas de crecimiento por no poder tomar leche!”. Recuerdo la angustia que me ocasionó esta afirmación la primera vez que me la hicieron. Mi hijo había sido diagnosticado hacía escasamente un mes y aún tomaba leche hidrolizada. No me había planteado qué sería de neustras vidas si la alergia continuaba más allá de su etapa de lactante, ni mucho menos me había preocupado por una hipotética falta de calcio en un futuro.

Y es que es increible el daño que pueden hacer ciertos comentarios dichos desde el más absoluto desconocimiento y desinformación.

PERO SI ES APLV: ¿ENTONCES TAMPOCO PUEDE TOMAR QUESO?, ¿NI YOGURES?, ¿NI MANTEQUILLA?, ¿NI DULCES?, ¿NI HELADOS?, ¿NI GALLETAS?, ¿NI….?

Me he encontrado con gente que cae en la cuenta de lo que implica la leche como ingrediente y de pronto se pone a enumerar todos los alimentos que la contienen, como si hubiese descubierto la pólvora y tú no te hubieses enterado hasta ese mismo momento.

He de decir que este tipo de gente no abunda (¡ojalá lo hiciera!) y es más común encontrarse con quienes se quedan exclusivamente con la idea de que tu hijo “no puede beber un vaso leche” pero a continuación le ofrecen un trozo de queso. Pero las personas que son capaces de hilar, de entrada, todos los alimentos con leche en su composición suelen generar con sus comentarios bastante ansiedad a los padres del APLV. Porque no contentos con enumerar las decenas de alimentos que tu hijo no puede tomar (y que tú conoces perfectamente bien), suelen concluir su exposición con un: “¡Madre mía!, ¿Y QUÉ COME ENTONCES TU HIJO?” (dicho con gesto contrariado, boca torcida y ojos abiertos como platos).

Como si lo único que hubiera en el mundo fuera la leche y sus derivados… ¡En fin! 🙂

Morguefile.com

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