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El otro día vi un vídeo en Internet de una conferencia impartida por la nutricionista Lucía Redondo Cuevas en el marco del I Congreso y Feria de la Alimentación Consciente (2011). Durante su ponencia, titulada “La otra cara de la leche”,  Lucía habló sobre la poca o nula idoneidad de los lácteos en la dieta.  Y es que en cierto modo, y tal y como vamos a descubrir en este post, los lácteos pueden resultar incluso perjudiciales para la salud.

Me ha parecido una charla muy interesante y educativa que me gustaría compartir con vosotros. En este enlace podéis ver la ponencia en su totalidad (AQUÍ) pero en este post me haré eco de la parte que he considerado más interesante y en la que se analizan los compuestos de la leche de vaca y cómo estos pueden resultar perjudiciales para la salud.

PROTEÍNAS

Alergia a las proteínas de la leche de vaca

La leche de vaca tiene 80% de caseína y 20% de albúmina mientras que en la leche humana la proporción es al revés. De ahí que sea la caseína la mayor responsable de las alergias a la leche de vaca.

Síndrome de permeabilidad intestinal

Por otro lado las proteínas se componen de aminoácidos que el organismo debe romper (hidrolizar) para digerirlas, pero, curiosamente la leche neutraliza los ácidos del estómago que son los que se necesitan para digerir esas proteínas. Además, con la edad el organismo va perdiendo una enzima llamada rennina que es la que se encarga de digerir la leche. Por todo ello pueden quedar sin digerir ciertos fragmentos de proteínas.

Un mal estilo de vida, la mala alimentación, el uso de medicamentos, el estrés… producen lo que se conoce como síndrome de permeabilidad intestinal que es el responsable de que los fragmentos de leche que quedan sin digerir se cuelen a la sangre a través del intestino. Cuando esto sucede el cuerpo reacciona con un complejo mecanismo de defensa intentando liberar esos fragmentos y provocando las siguientes reacciones:

  • Mocos para eliminar el tóxico (de ahí que se asocie el consumo de leche de vaca al exceso de mucosidad)
  • Asma: Se agrava un asma que ya existe o se inicia
  • Diabetes de tipo I
  • Dermatitis, eccema
  • Artritis reumatoide

 GRASAS

La Asociación Americana del Corazón desaconseja tomar leche entera porque se ha demostrado una relación entre la leche y el riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares debido a la acción de la enzima xantino oxidasa presente en la leche de vaca.

 HIDRATOS DE CARBONO

La leche contiene lactosa que es un azúcar compuesto por glucosa y galactosa. En el proceso digestivo se debe romper esta molécula gracias a la acción de la enzima lactasa pero se ha visto que con el tiempo la lactasa se va perdiendo y la lactosa se hace difícil de digerir propiciando muchos problemas a nivel intestinal. Además de ello, la galactosa se acumula en determinadas partes del cuerpo como el cristalino –propiciando la aparición de cataratas-  o en los órganos de reproducción provocando problemas de infertilidad.

HORMONAS

Cada leche contiene hormonas “diseñadas” para alimentar a la cría de su propia especie. Esto hace que la leche de vaca contenga hormonas aptas para el crecimiento del ternero y el ritmo de crecimiento de un ternero no es el mismo que el de un bebé humano.

De entre todas las hormonas que contiene la leche de vaca destaca principalmente una llamada IGF-1, que se ha visto implicada en el cáncer de mama y de próstata. De ahí que numerosos estudios hayan advertido que en países asiáticos donde no se consumen lácteos, la incidencia de cáncer de mama en la población es prácticamente nula.

CALCIO

Numerosos estudios han demostrado que el consumo de lácteos y la calidad del hueso no tienen ningún tipo de relación. Por ello, y como hemos visto en anteriores post, se puede llevar una dieta rica en calcio sin necesidad de consumir leche de vaca.