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Hace un año y medio mi hijo se enfrentó a su cuarta prueba de provocación oral a la leche. Tras tres pruebas fallidas en donde acabó ingresado a causa de los vómitos y diarreas que la leche le produce, tenía mucho miedo de exponerle de nuevo a esta experiencia pero en la cuarta prueba me propusieron un pequeño matiz que arrojaba cierta esperanza: no tomaría un vaso de leche sino un producto lácteo horneado.

Superar la prueba de provocación con leche horneada fue una alegría tremenda y aunque hubo algún que otro susto que por momentos nos hizo sospechar que las cosas no iban a salir tan bien como creíamos, seis meses después de aquello pudimos decir sin temor a equivocarnos que el peque ya toleraba leche horneada.

¿Qué implicaciones ha tenido esto en nuestras vidas?

La primera y más importante es el amplio abanico que se nos ha abierto a la hora de consumir ciertos productos. Poder tomar galletas de cualquier tipo, bollería, bizcochos, magdalenas, diferentes tipos de pan de molde… sin tener que preocuparnos por el etiquetado ha sido como un sueño.

La primera vez que fui a comprar con mi hijo al supermercado tras superar esta alergia, se pasó cerca de una hora en el pasillo de galletas y productos de bollería analizando todas las cajas: “¡Mira mamá!” – me gritaba emocionado – “¡estas son las galletas con dibujos que anuncian en la tele! ¿Las puedo tomar?”.

Tenía los ojos abiertos como platos y no daba crédito a la cantidad de marcas y productos diferentes que a partir de aquel momento podía consumir sin riesgo.

Sin embargo, hay un punto negativo bastante importante a tener en cuenta y es que tolerar leche horneada te hace bajar la guardia en cuanto al consumo de productos de bollería, azúcar y alimentos que no aportan nada bueno para la salud de un niño.

Siempre he creído que los niños alérgicos alimentarios, sobre todo los APLV, comen de forma más saludable que otros niños de su edad. Obviamente todo dependerá de cada familia, pero en líneas generales lo he pensado muchas veces. Al no poder tomar gran parte de los alimentos procesados ni dulces que venden en las grandes superficies, los padres debemos buscar otras alternativas que pasan por la compra de productos en tiendas ecológicas o herbolarios y por recetas caseras libres, ya no sólo libres de alérgenos, sino de conservantes varios y toneladas de azúcar.

En casa seguimos manteniendo la costumbre de hacer nuestra propia repostería, como bizcochos, magdalenas o galletas, pero confieso que la nueva posibilidad que se nos ha abierto en cuanto a su alimentación, me ha hecho caer en más de una ocasión en la tentación de comprar productos que hasta entonces, jamás habían tenido cabida en nuestra despensa.

Sin embargo, por suerte, el paladar de mi hijo después de 6 años sin consumir este tipo de alimentos, no se ha decantado por ellos. Sigue siendo muy fiel a sus galletas de siempre y prefiriendo la repostería casera a los dulces industriales.

Tan sólo hay dos alimentos que ha probado y que le han fascinado. Por un lado, el roscón de Reyes que descubrió las pasadas Navidades, y por otro los croissants, que siempre pide cuando desayunamos fuera de casa.

No obstante, al margen de sus gustos personales, confieso que, como madre, es una importante liberación ir superando etapas y dando pasitos en lo que a su alergia se refiere.