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Hoy hemos amanecido con la terrible noticia de la muerte de un niñito de seis años, APLV, al sufrir un shock anafiláctico mientras estaba de excursión en una Granja Escuela. La noticia me ha puesto los pelos como escarpias porque a las familias de niños alérgicos alimentarios nos invade el miedo varias veces al pensar que algo así pueda ocurrir.

Según dice la noticia supuestamente el menor ingirió un yogur de soja y acto seguido entró en shock anafiláctico. Los monitores le trasladaron en su vehículo a un hospital pero ya fue demasiado tarde.

¿Qué ha fallado en este caso para desembocar en este fatídico desenlace?. Desde mi punto de vista dos cosas esenciales:

  • Falta de información
  • Nula formación de profesores y monitores

Falta de información

Desgraciadamente se siguen tratando las alergias alimentarias como algo sin importancia o como un problema que afecta tan sólo a unos pocos cuando en realidad es algo que nos afecta a todos. Todos tenemos algún familiar o conocido alérgico y está en  manos de todos nosotros saber que las alergias alimentarias no son ningún juego. Cualquiera podemos tener como invitado a comer a un alérgico, nuestros hijos pueden ser amiguitos inseparables de un niño alérgico que será de nuestra responsabilidad cuando venga a casa a jugar, e incluso aunque tengamos niños que a día de hoy no presenten ninguna alergia pueden desarrollar alguna en un futuro.

Pero todavía hay gente que no quiere escuchar ni aprender las diferencias entre APLV e intolerancia a la lactosa, la importancia de unas trazas o una contaminación alimentaria o la importancia de la higiene y el lavado de manos en la manipulación de los alimentos de una persona alérgica.

Y mientras esa mentalidad no cambie, mientras no seamos conscientes de que las alergias alimentarias son una plaga que cada vez va en aumento y que nos puede tocar de lleno, seguiremos siendo sólo unos pocos los que luchemos contra gigantes molinos de viento y, desgraciadamente, poco podemos hacer

Falta de formación

Por otro lado, es difícil encontrar profesores, cuidadores o monitores formados en el tema de las alergias alimentarias cuando, a mi juicio, debería ser algo esencial. Es más, me atrevo a decir que hasta se debería estudiar en las universidades y academias al igual que los primeros auxilios pero es todavía anecdótico el número de centros educativos interesados en formarse y en conocer más acerca de este problema. Es descabellado que un profesor no conozca los peligros que entraña una alergia alimentaria, que un colegio se niegue a tener  y a administrar adrenalina, que un cuidador no sepa cómo manejar el inyector o cómo dar ventolín a un niño pequeño y totalmente incomprensible que ante un episodio tan grave como éste no se llame de inmediato y sin demora al 112.

Shock anafiláctico

Ante un shcok anafiláctico no hay tiempo que perder: inyección de adrenalina, llamar a una ambulancia y mientras llega la ayuda practicar, en caso necesario, los primeros auxilios al paciente. Y esto es algo que deberían grabarse a fuego todos los responsables de niños alérgicos, ya sea en guarderías, colegios o campamentos. No debemos permitir que algo así vuelva a ocurrir.

Hoy mi pensamiento y mis sentimientos están con esta familia y con la injusticia y sinrazón tan grande que les ha tocado vivir.