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Mi hija actualmente tiene 8 meses de edad y su APLV comenzó a los 4 días de nacida.Lloraba día y noche y tenía siempre la tripita muy hinchada. La llevé al pediatra y le diagnosticaron cólicos del lactante; le recetaron medicamentos pero pasaban los días y no había mejoría.
Comenzó entonces mi lucha para descubrir el porqué de su llanto desconsolado. Visité a muchos pediatras pero ninguno me dio una respuesta. Con el pasar de las semanas a los cólicos se le sumó un RGE (reflujo gastroesofágico). Estuvimos tratando el reflujo pero seguía sin mejorar: continuaban los cólicos y el llanto las 24 horas del día… Mi esposo y yo estábamos perdidos y agotados.
Hasta los tres meses y medio habíamos estado con lactancia materna pero en ese momento su pediatra me dijo que comenzáramos a darle leche de formula para que la niña durmiera por las noches ya que quizás su llanto se debía a hambre. Compré la leche que me indicó, le di un biberón de 30 ml y acto seguido mi hija comenzó a vomitar. Su llanto se había convertido en gritos de dolor y mi desesperación llegó al máximo.

Alérgica a las proteínas de leche de vaca

Acudimos a urgencias esa misma noche y allí volvió a ser diagnosticada de cólicos. Yo sabía que algo andaba mal y no creía en lo que me decían los médicos. Cuando amaneció la llevé a un gastroenterólogo infantil y allí supimos el diagnóstico inmediatamente: Alergia a la Proteína de le Leche de Vaca.
Ni mi esposo ni yo sabíamos lo que esto significaba así que nos pusimos a buscar información en Internet hasta que dimos con la fundación chilena “Creciendo con alergias” que ha sido una gran ayuda para nosotros.
Actualmente mi hija está con un  tratamiento, sigue con lactancia materna exclusiva (yo llevo dieta de exclusión) y aún no hemos introducido ningún alimento. 
Psicológicamente esta enfermedad golpea  fuerte ya que no todos los casos son iguales, cada niño es totalmente distinto y existe muy poco conocimiento por parte de los médicos y la sociedad, en general. El estrés de la lucha diaria de nuestros hijos va pasando la cuenta poco a poco. Lo único que consuela muchas veces es saber que esta enfermedad se  superará con el tiempo y que aunque en algunos casos es un proceso lento, siempre se logra ver la luz al final del camino.
A todas las mamás que tienen un bebé con APLV les mando ánimo y mucha fuerza. Pronto llegará el día en que nuestros hijos puedan comer todas las cosas de las que ahora deben privarse.
Testimonio de Katherine, mamá chilena de Katalina, bebé con  APLV.