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Mi nombre es Lourdes vivo en México y tengo una hija de casi 4 años con alergia a la proteína de leche, huevo y mariscos.
Cuando nació mi hija jamás imagine lo que nos esperaba, todo era alegría y felicidad. Era mi primer bebé y todo parecía ir bien, sin embargo presentaba reflujo fisiológico y ocasionalmente cólico, que era “normal” pues su organismo estaba madurando, cabe mencionar que ella nació un poco antes de tiempo y peso poco.
Durante los primeros meses la alimentaba con leche materna exclusivamente pero en ocasiones notaba que no se llenaba así que decidimos “complementar” la alimentación de mi bebé con fórmulas.

Le ofrecimos el biberón pero ella lo rechazaba, pensamos que era por el sabor,  así que intentamos con otras y nada, simplemente no las tomaba a la par de esto el reflujo continuaba. Después de los seis meses por fin aceptó algunas tomas de la fórmula pero el reflujo aumentó.  El pediatra le indicó tratamiento y todas las medidas para el reflujo y los cólicos pero todo iba de mal en peor.

Después iniciamos la ablactación y  parecía funcionar: aceptó los cereales, verduras y frutas sin problema aparente, pero seguía con vómitos ahora de forma explosiva y unos minutos después de las tomas de leche; además presentaba rozaduras en el área del pañal que incluso le llegaron a sangrar. Pensamos que podría ser una reacción a los componentes del jabón, el detergente, las cremas e incluso probamos con muchas marcas de pañales y nada. Otro pediatra la manejó como una simple rozadura y le indicó cremas con esteroides.

También llegó a tener cuadros de diarrea que duraban unos días y se quitaban,  todo esto impactó en su crecimiento y dejó de aumentar de talla y peso.

Por fin a los 10 meses de edad encontramos a una excelente pediatra, que al realizarle la historia clínica ató los cabos sueltos y nos comentó que todo lo que estaba presentando tenía relación y nos comentó dos posibilidades: “alergia a la proteína de leche”con ERGE (Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico) o sólo la APL.

Tuvimos que hacer los exámenes correspondientes y por su puesto consultar a los especialistas. Investigamos, leímos artículos y en efecto los síntomas que presentaba eran como los que se describían en la información consultada. De momento le indicó una fórmula  de proteína de leche extensamente hidrolizada y tratamiento para todos sus síntomas, además de modificar su dieta.Como por arte de magia comenzó a mejorar, la frecuencia del vómito disminuyó, las rozaduras, diarreas y demás síntomas gástricos también.

Llegó a los 2 años de edad y seguíamos sin recursos para pagar las pruebas y consultas de especialidad así que seguimos con su pediatra, pasó otro medio año y por fin toleró la fórmula de proteína de leche parcialmente hidrogenada, su apetito era escaso lo que me estresaba, pues intentaba alimentos diferentes, atractivos y ella solo pedía su leche y ocasionalmente frutas. Cuando cumplió 3 años, comenzó el colegio, un gran reto que no pasamos pues cada mes hacían festejos donde se comía de todo y a pesar de que yo les insistía sobre el cuidado que ella debía tener, un día en un descuido comió un poco de pastel de algún amigo y tuvo una recaída que la dejo en cama una semana. Después por sus alergias respiratorias el ambiente del  colegio no le favoreció y se enfermó por varios meses, lo que nos llevó a tomar la decisión de que lo dejara.

Por fin tuvimos los recursos para atenderla, acudimos con el especialista, le realizaron las pruebas y dio positivo a la caseína, huevo y mariscos, además de otras alergias respiratorias. Me sentí tan mal por haber expuesto así a mi hija…

En ese momento modificamos su alimentación y en ese momento me di cuenta de nuestro gran error: habíamos excluido la leche y los derivados, pero no los alimentos con trazas. Cuando empezamos a leer las etiquetas casi todo lo que le dábamos contenía trazas de leche y/o huevo.  En ese momento se me cerró el mundo y me dije: “¡Que va a comer mi hija?!”

Pero como el que busca encuentra, los encontré a ustedes y a otros grupos de padres en la misma situación y gracias a las muchas experiencias he conocido más sobre el tema.

Todo esto me hace sentir que además de todo lo difícil que ha sido el ver a mi hija llorar por los cólicos y las rozaduras, las noches sin dormir por el temor que mi bebé se bronco aspirará a consecuencia del reflujo, otro reto ha sido el lidiar con las personas que nos rodean, algunas muchas veces critican, cuestionan y culpan sin conocer nada del tema y que lejos de ayudar entorpecen el proceso.

Pero también depende de nosotros que eso cambie, al difundir la información que permita dar a conocer la situación real de las personas que viven con alergias.

Por ahora mi hija está muy bien, tiene una dieta de exclusión e inmunoterapia para las alergias respiratorias.
Se que somos muchos en la misma situación y que entre todos nos apoyamos por una razón en común, el amor y deseo de bienestar por nuestros hijos.

Lourdes, mamá mexicana de una niña con APLV y alergia al huevo y mariscos