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Soy pediatra (no gastroenterólogo) y los comienzos con un niño alérgico son siempre duros pues, aunque conocemos la patología, no es igual tratar a un paciente que tener un caso familiar ¡o un hijo!.

Resumo mi experiencia personal como madre y pediatra con mi segunda hija que acaba de cumplir tres años es alérgica a la leche de vaca.

Empecé con la sospecha al mes de vida tras la retirada de la lactancia materna. Los síntomas eran vómitos, diarrea, y edema palpebral. Mi familia (por ambas partes) me tachaba de loca pues pensaban que era “la pediatra histérica que veía cosas que no son” y hasta un compañero gastroenterólogo pediátrico al que consulté tampoco le dio importancia.

El primer año de vida de mi hija fue desastroso. Nos costaba mucho poder darle un biberón de cómo lloraba y encima, el apoyo por parte de la familia era nulo. Lloré muchísimo con aquella situación.

Al año le hicieron una prueba de provocación a la leche de vaca y con tan sólo 1 ml  ya tuvo una fuerte reacción urticarial. Desde entonces con un simple roce (incluso un beso tras tomar cualquier derivado lácteo) ya le provoca una reacción importante.

Actualmente con 3 años, los niveles de IgE de la leche de vaca han subido a 5 en caseína, alfa y b lactoglobulina, y ha desarrollado alergia a la clara de huevo en un nivel 3. Además se suma una sensibilización a frutos secos, kiwi y fresa.

La poca conciencia social

Mi sentimiento como madre es de tristeza porque no tengo ninguna esperanza en que pueda llegar a superar sus alergias. Ella come fenomenal y aunque es muy pequeña, tiene perfectamente asumido que ciertos alimentos le hacen daño y ya no protesta como antes por no poder tomarlos.

La tristeza me viene por lo poco consciente que es la gente y por las miradas de loca que me lanzan algunas madres cuando les pido en fiestas, cumpleaños o comidas que por favor sus hijos no toquen ni besen a mi niña tras haber comido lo que a ella le hace daño. Se que piensan que estoy loca y en parte no las culpo porque yo misma me vuelvo loca a veces con tanto control.

Lo que no me deja dormir es que en septiembre empieza el cole y te aseguro que tengo pesadillas de lo que pueda pasar cuando ya no esté dentro del control que tenemos en casa. Me genera muchísima ansiedad, la verdad.

La parte positiva de mi experiencia

A pesar de todo esto saco cosas positivas:

  • Lo increíble que son los niños que aun siendo tan pequeños controlan su alergia como si fueran adultos.
  • Lo increíbles que son los niños que rodean a un niño alérgico y que cumplen a rajatabla las instrucciones que les das mucho mejor que los adultos. Son conscientes de que hay cosas que son prohibidísimas para mi hija, se lavan las manos después de comer y si alguno no lo hace su compañero le avisa…¡me dejan alucinada!. Su hermana y sus primos la cuidan mucho mejor que muchos adultos e incluso les riñen a sus padres cuando la tocan sin lavarse las manos.
  • Y lo más importante y por lo que doy gracias, es que a día de hoy no ha tenido ninguna reacción en la que haya necesitado adrenalina; la más grave fue al tomar Damira 3 (se deshidrató por el cuadro de vómitos, diarreas y exantema generalizado que le provocó).

Un fuerte abrazo y ánimo a todas las familias.

Autora: María, madre de una niña alérgica a la proteína de leche de vaca, huevo, kiwi, frutos secos y fresas.

Si quieres contar tu experiencia con la APLV de tu hijo escríbeme a: testimoniossinleche@gmail.com