“Es labor de un maestro enseñar a los alumnos a aceptar y convivir con un alérgico alimentario”

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Soy madre y maestra y esto se nota en lo que hago a diario.

Cuando estoy con mis hijos hablo con ellos de todo lo que pasa a nuestro alrededor, les llevo a museos y procuro que cada día sean felices y aprendan algo.

Cuando estoy en clase me pasa lo mismo, trato a mis alumnos como si fuesen mis hijos, les abrazo y les beso, les abrocho el abrigo antes de salir al patio y atiendo sus necesidades, no solo las de aprendizaje sino también las afectivas, sociales… En mi clase siempre hay un abrigo de cuando mis hijos eran más pequeños, para el que se le ha olvidado traerlo o no tiene, un zumo por si no tiene nada que comer, un lápiz de sobra y más, más y más…Siempre he pensado que los padres tienen que sentirse tranquilos cuando se van del colegio y tienen que saber que cualquier cosa que necesiten sus hijos será atendida.

En algunas ocasiones los niños presentan características que precisan de una atención más especial y uno de estos casos puede ser la intolerancia o la alergia (según el caso) a determinados alimentos o productos. Son cada vez más los niños que tienen estos problemas y hay que estar alerta en momentos muy concretos. Algunos de estos momentos son las celebraciones de fiestas y cumpleaños en clase, y la hora del recreo con los bocadillos.

En el primer caso, se advierte en la reunión general a todos los padres que en la clase hay niños con intolerancias o alergias alimenticias y que es mejor celebrar las fiestas con alimentos que no tengan ese producto. Si esto resultara complicado acuerdo con los padres de ese niño que el día de la celebración le traigan a él un alimento que tolere y que se comerá al compás de los demás.

El segundo caso, la hora del bocadillo del recreo, es un momento muy delicado, ya que no siempre se respetan los menús de recreo y cada niño trae lo que quiere. Personalmente prefiero sacrificar 15 minutos de clase antes del recreo y dedicarlos a la higiene antes y después de comer y a controlar que cada alumno se come lo suyo en el aula. Así evito varias cosas: por un lado intoxicaciones alimenticias y por otro que se ensucie el suelo del patio con restos de bocadillos.

Quizás si alguien entra en mi clase y nos ve a todos sentados alrededor de una gran mesa, comiendo, hablando y riendo, pensará que no trabajo, pero creo que la labor de un maestro no es solo enseñar a leer y a escribir a un niño,sino  también cuidarlos en todos los ámbitos y enseñarles a convivir y aceptar a otros niños que no comen las mismas cosas que ellos.

Para que os hagáis una idea solo en Primer ciclo de Primaria tenemos aproximadamente 70 alumnos, y entre ellos hay:

  • Intolerancia o alergia a lácteos
  • Alergia al huevo
  • Alergia a los frutos secos
  • Intolerancia o alergia a las legumbres
  • Diabéticos
  • Alergia al látex
  • Intolerantes al gluten
  • Y niños musulmanes con sus prohibiciones alimenticias.

Autora: Lucía Ponce, Maestra de Educación Infantil, Primaria y Pedagogía Terapéutica con 18 años de experiencia en Primaria e Infantil. Autora del blog “Intimo y Personal”

Si quieres contar tu experiencia con la APLV de tu hijo escríbeme a: mimenusinleche@gmail.com

 

5 Responses so far.

  1. Patricia dice:

    Solo digo una cosa… En qué cole das clase? Quiero que seas la profe de mi hija, incluso si no tuviera ninguna alergia, quiero que seas la profe de mi hija! Qué afortunados tus alumnos y sus padres. Gracias por ser así

  2. Mª DOLORES dice:

    Ojalá mi hija te tuviera como maestra.

  3. Paola dice:

    Ojala todas las profesoras fueran como tu.

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